lunes, 9 de diciembre de 2013

La Tortuga Ecuestre: 40 años en su universo verdadero

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La Tortuga Ecuestre: 40 años en su universo verdadero







Por: César Fernando Sánchez Olivencia (*)


La Tortuga Ecuestre, revista poética editada por el poeta Gustavo Armijos, cumple 40 años.
¿Cómo describir a una revista literaria sin caer en las frases hechas de “La mejor revista o la más antigua revista? Amauta no es la mejor revista porque la editara Mariátegui, ni tampoco podría ser la peor por haber dejado de publicarse. Me parece que éstas no son variables para juzgar el papel de una revista literaria en la historia.
 Lo primero que se me ocurre para ser más auténtico es describir -aunque no definir-  lo que no es la revista. La Tortuga Ecuestre no es una revista literaria al estilo tradicional. Es una publicación que -por excepción- no ha dejado de editarse después del 7° número, como la mayoría de revistas culturales.
Esto incluye a  la revista Creación, editada por los poetas Fernando Sánchez Olivencia, Martín Fierro Zapata y el comunicador Carlos Sotomayor Wendorff, que en su momento fue calificada extrañamente por diversos críticos literarios limeños como “La mejor revista cultural mimeografiada”.
 Una revista literaria tiene siempre un destino. Cumple su ciclo que nace con un hecho histórico y cierra cuando sus editores emprenden una nueva experiencia. La Tortuga Ecuestre parece no haber  cumplido aún su ciclo y ha subsumido realmaravillosamente la vida de su editor.
La revista La Tortuga Ecuestre no tiene un equipo de colaboradores que compartan la función de editor. Es una revista de un solo hombre. Otro rasgo es que no se vincula al poder, ni económico, ni político ni intelectual y ni siquiera cultural, para sobrevivir como en cambio sí lo ha hecho otras revistas financiadas hábilmente por algunas transnacionales.

La Tortuga Ecuestre es literariamente autosuficiente. Si es concesiva, permisible o compasiva con los autores, es responsabilidad exclusiva de su editor, el poeta Gustavo Armijos.
Tampoco goza de recursos económicos asegurados por la venta de sus ejemplares para cada edición. Todo depende del esfuerzo de su editor, quién no goza de altos sueldos en universidades, periódicos o algunas ONGs. Armijos vende una a una sus entregas,  llevándolas al lugar mismo  de los consumidores. Merchandising literario.

Gustavo Armijos tampoco se autotitula como un excepcional intelectual limeño con 40° doctorados “Honoris causa”, otorgados por universidades de EEUU y Europa; ni se autocalifica de haber estudiado maestrías en Harvard o en la universidad Complutense de Madrid.

Tampoco frecuenta todos los días  los círculos del nuevo “Palais Concert limeño”; ni conoce al embajador de la República Checa ni ha sido merecedor de una beca para estudiar literatura americana en la universidad de California. Es simplemente o complejamente, Gustavo Armijos, el poeta que edita “La Tortuga Ecuestre”, con el alma a cuestas, a mucha honra.
No aspira a llamar por  teléfono a Humala, García, o Toledo para recomendar a un poeta a un cargo público, porque sabe que no le contestarán como lo hacen cuando se trata de otros autores influyentes.
Tampoco le sobran los puestos públicos ni privados, porque a Gustavo Armijos no lo han recomendado los personajes de la Confiep, la SNI o el Fondo Monetario Internacional (FMI) como a ciertos ministros desde los albores de la República.
 No es amigo de Aland Wagner ni de Hugo Neyra, apreciados por Aland García y por eso no ha podido gozar de un homenaje en la Comunidad Andina, o conseguir el cargo de director de la Biblioteca Nacional o Consejero de las Naciones Unidas,  con un sueldo de 48 mil dólares, que le harían mucho bien a su hoja de vida y a sus bolsillos expectantes.
 
Tampoco ha sucedido que un exdirector de la Biblioteca Nacional  haya calificado a La Tortuga Ecuestre como “una revista absolutamente excepcional. Obra de Abelardo Oquendo y Mirko Lauer. La sacan adelante heroicamente y desde hace años”.
 Y finalmente -por desgracia-  La Tortuga Ecuestre no ha merecido  un serio análisis comparativo en retrospectiva, que permita evaluar su hazaña editorial, con ilustres publicaciones de la generación del 1970, que figuran en la historia de las revistas literarias del Perú, como indica acertadamente César Toro Montalvo, citando a las siguientes revistas que cumplieron su ciclo:
Textual con siete números, (1971-73); por Martha Hildebrant. Estación Reunida con tres números, (1967-68); por José Rosas Ribeyro. Hora Zero publicada por los integrantes del Movimiento con el nombre de la revista, (1970-73). Cuadernos, con cinco números, (1971); publicada por el Movimiento Hora Zero. Amaru, con catorce números, (1966-71); por Emilio Adolfo Westphalen. Vitrina, con ocho números, (1971-72); por Feliciano Mejía. Hueso Húmero, con dieciocho números, (1979-84); por Abelardo Oquendo; La Sagrada Familia, con cuatro números; por Edgar O'Hara y otros. Altaforte, (revista bilingüe, francés - castellano), editado en París y dirigido por Armando Rojas y otros.
Posdata con seis números, (1971-72); por Alfredo Barnechea. In terris, con cuatro números, (1967-73); por Livio Gómez. Oráculo, con seis números, (1980-85); por C.T.K El uso de la palabra, con el No. 2 (1975); por José Rosas Ribeyro. La estancia de la hormiga, con tres números, (1980); por Enrique Braggi. Ruray, con dos números, (1980); por Edgar O'Hara, y otros. Tallo de habas, con dos números, (1974); por Carlos Orellana y Edgar O'Hara.
Pez Soluble, con un solo número, (1976); por Carlos Orellana y Miguel Angel Rodríguez. Lluvia, con ocho números, (1978-81); por Américo Mudarra Montoya y Esteban Quiroz. Comentarios, con doce números, (1968-71); por Aurelio Silva Fernández. Creación, con ocho números, (1976)-79); por César Fernando Sánchez Olivencia. Kilka, con ocho números, (1969-76); por Segundo Cancino y otros. Hipócrita lector, con ocho números, (1972-77); por Marco Martos.
Elqui Burgos, Hildebrando Pérez. Gárgola, con seis números, (1972); por Danilo Sánchez Lihón. Alborada, con veinticinco números (1968-75) por Román Obregón. Có1era, con cuatro números. s/f. por Jesús Díaz.. Península, con cuarenta y seis números,(1968-79); por Francisco Ponce Sánchez. El prostíbulo, con cuatro números, (1973-74); por Jorge Espinoza Sánchez.
Contexto, con cuatro números, (1971-80); por Livio Gómez. Manuscrito, un número (1980); por Juan Zevallos Aguilar. Mabú con cinco números, (1969-75); por C.T.M. Girángora, con nueve números (1972-78); por Roger Contreras. Auki, con cuatro números, (1975-80); por Armando Arteaga, Luis La Hoz y Roger Santiváñez. Trobar Clus, con dos números, (1980); por Marcela Garay, Jaime Urco y Mito Tumi, entre otros.

La Tortuga Ecuestre no se parece a la revista Hueso Húmero ni a La Casa de Cartón ni a La Manzana Podrida. Es La Tortuga Ecuestre y puede colgar como trofeo de guerra su continuidad en el difícil ambiente literario del Perú, manteniendo su buena calidad. Happy birthday to you.

(*) MIEMBRO DE LA RED MUNDIAL DE ESCRITORES EN ESPAÑOL-REMES

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