domingo, 8 de agosto de 2010

Poemas de Gustavo Armijos

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EN LA TIERRA PROMETIDA DEL ESPANTO

Hay un encanto cercano a tantas letanías expresadas en medio de la ciudad
donde nostalgiamos filosóficamente en la América cristiana
que se aleja como una tela multicolor frente a la noche perpetua.

Los trozos de pollo a la brasa se esparcen con un olor a fruta encantadora
en la mesa con agua gaseosa ensaladas deliciosas con olor disperso
ingresando a la tienda.


Tiene la tristeza de un monje célibe en una morada terrena.
Mi resistencia es exigua para el delirio y para las aves de mal agüero.

Cada día compartimos el lúgubre almuerzo en que digieres lo alto del infortunio.
Si alguna vez no logras levantar las cadenas o logras leer los poemas
que para ti compuse fuera de sí,ojalá aparezca
Salma en paños menores revestida de cal y plomo.


Mis brazos y los tuyos no tienen tatuajes ni dádivas opulentas
y hemos guardado las espadas para la hora del encuentro.
Jamás imaginé tu rechazo en nombre de la lujuria
para seducirme con tu risa de quelonio
pero el vino por tomar no lo bebamos en secreto
pues pedirme salud delante de todos los mortales
farfullando tu nombre de amor y borrachera.
Seremos una cofradía sin tardanza para adorar la tierra
con nuestra poesía ancestral y sin tapujos para los cabrones
igual rango tienen los que disipan el pudor en plena berma
donde los coches corren a 80 km/h con placer por el vértigo
de la velocidad trotando sin accidentes.

Ya no es gracia viajar en un destartalado tranvía
que equivale a la generosidad equina de otras épocas.
El hastío y el reproche son el viejo discurso de holgazanes
contemplando las casas de las aves que en solitario vuelo
surcan territorios en la desolada metrópoli.
Mis párpados agotados por el sueño se agrietan frente al timón
como rapaz ave de rapiña en medio del smog.
La humedad del rocío se posa en el parabrisas
parecen guijarros de la carretera con una fatiga arenosa
con un vestido refulgente opulento en el ardor.

Muestras tus piernas junto a un recodo de la morada
ávidas por el placer las guitarras echan sus trinos al vuelo
y mueves el dial de la radio y te mueves en una alberca imaginaria.
Y llena de plesosaurios hambrientos ante el desnivel mugriento
donde no está el alazán favorito de mi acompañante.


UNA LÍNEA SIN FRONTERAS E IMAGINARIA


Cuando miro y observo mi imagen en la claridad de sus pupilas
navego en un barco de enorme quilla con una bandera flameando en lo alto
ojo unigénito que pinta mi destino cuando miro la noche como gato.

La imaginería me ha permitido sembrar de pequeños arbustos
su estampada blusa que me ofrece un busto vituperado por el aire
y que ni frío ni verano puede esconder.

Tu nombre está tan cerca de mis cansados labios
cuando hemos tomado cerveza como cortinas blancas
en el ardor de un cielo enrojecido por el asedio.


En mis oídos suena un lejano portón de Ayacucho
que se estrella en el escenario donde se escenifica el obstracismo.

Eres una luz delgada que aparece como meteorit
y se interna en un mundo de recuerdos en esta calle Quilca.


Estás tan cerca de todos los amigos cuyos saludos se derriten
como un extraño estremecimiento.

Luz que erupciona y cierra tus ojos de gata endemoniada
disolviéndose en el éter.


Parte de una historia de amor desbordándote con la cerveza
erupcionas en el volcán de tus deseos inhóspitos.
Yo, callo como carretera abandonada
Tú, escarbas por un instante
Tú y yo alojados para siempre
en la tierra de los muertos.


LOS DOMINIOS

Me dices que eres un sueño
y eres el sueño más feliz de la tierra
para escuchar el sonido de las mandolinas y ocarinas.
Dios sabe que florecillas iluminan tu semblante
o tus manos de vidrio y de madera.

Se podrán pintar el cielo de amarillo
y tus senos de tenue color del espectro solar
como los canarios insulsos y estridentes.


Cambiamos acaso mi camisa con olor de oro
y con una visa de caña de agua dulce
en medio de la tempestad aluviónica.


Bajo una palma seca deseo guarecerme
porque anoche fuiste el mismo sueño de la locura,
y te sentí en pleno goce de un amor platónico.


Fuiste la vida con tus manos vacías encima del camastro
donde tus pisadas tienen una callosidad de casas calladas
mueren los peces con sus dientes de fuego
y avivan los latidos de cohabitar con el demonio
en otros dominios y ensueños de la muerte.

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