domingo, 8 de agosto de 2010

Poemas de José Manuel Arango

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José Manuel Arango nació en Carmen de Viboral, Antioquia, en 1937. Fue profesor de Lógica simbólica en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Antioquia durante casi tres décadas. Cofundador y coeditor de las revistas Acuarimántima y Poesía, de Medellín, e Imago de Copacabana. Premio Nacional de Poesía por reconocimiento Universidad de Antioquia, en 1988. Escribe una poesía rigurosa y elaborada. En sus primeros libros la temática se centró en el erotismo. "Es el precursor de una poesía erótica de alto aliento, no frecuentada en Colombia con tanta intensidad", escribe Fernando Ayala Poveda. Y agrega: "Su exploración metafísica no cae en la gratuidad: aproxima al hombre frente a los interrogantes de la noche: madre nodriza de la muerte, el recuerdo, lo nocturnal del alma humana. Se emparenta aquí con Novalis. Su lírica breve tiene un universo por construir con ahínco". Casi toda su obra se compone de poemas cortos que recogen, de un lado, un enorme acervo cultural, y de otro, una sensibilidad que se expresa en monólogos y en alusiones herméticas. Sobre su obra, el escritor Luis Germán Sierra escribió: "La poesía de José Manuel Arango, como toda obra auténtica, nace de la pretensión casi inexistente de escribir una gran obra y tiene su asentamiento primordial en las pequeñas cosas que rodean una vida cualquiera en cualquier lugar del mundo. Ello le da, además de autenticidad, un valor universal a su arte, reservándonos la complejidad —además de manido tópico— de ese término, pero entendiendo sin complejos que esta obra ya va muy lejos de un alcance meramente local y sobrevuela con soltura aires de otros territorios, pluralísimas significaciones".


Bibliografía


Obras de José Manuel Arango


Este lugar de la noche (1973)


Signos (1978)


Cántiga (1987)


Poemas escogidos (1988)


Poemas (1991)


Montañas (1995)


Traducciones


Tres poetas norteamericanos: Whitman, Dickinson, Williams. (1991)


El Solitario de la Montaña Fría, poemas de Han-shan. (1994)


En mi flor me he escondido, poemas de Emily Dickinson. (1994)


Crítica e interpretación de su obra


El poeta José Manuel Arango, fugitivo sembrador. Andrés Vergara A. En: El Mundo. Imaginario. Medellín. (Jun. 8, 1996) p. 5


Mito y vigencia de la ciudad en la poesía de José Manuel Arango. Jaime Eduardo Jaramillo J. En: Revista Universidad de Antioquia. Medellín. Vol. 60 no. 223 (ene., 1991) p. 106-117.


Curvaturas en la poesía de José Manuel Arango. Tarsicio Valencia. En: Revista Universidad de Antioquia. Medellín. Vol. 56 no. 212 (Abr.-jun., 1988) p. 102-105.


Cántiga. Luis Germán Sierra. En: Revista Universidad de Antioquia. Medellín. Vol. 56 no. 212 (Abr.-jun., 1988) p. 106-107.


Signos de José Manuel Arango. Víctor Gaviria. En: El Colombiano. Suplemento Dominical. Medellín. (Ago. 6, 1978) p. 6


Una generación desencantada: los poetas de los años 70. Harold Alvarado Tenorio. En: Torre de Papel. Chapingo, México. Vol 1 no. 1-2 (May.-dic., 1985) p. 54-62. José Manuel Arango y una invitación a vivir. Alonso Aristizábal. En: El Espectador. Magazín Dominical. Bogotá. (Nov. 12, 1978). p. 6


Selección de poemas


VIII HOLDERLIN


Quizá la locura


es el castigo


.


para el que viola un recinto secreto


.


y mira los ojos de un animal


terrible


.


XXVIII


la casa que reduce la noche a límites


y la hace llevadera


cuando el ruido de una bestia en el sueño


o las palabras que sin sentido


despiertan con todo ese extraño temor


surgen como restos de una oscura lengua


que desvela el origen y la amenaza


.


el techo que cubría un fuego manso


arderá


.


y entonces nada habrá seguro


y será necesario de nuevo cavar


hacer


.


.


XLVI


.


ESCRITURA


.


la noche, como animal


dejó su vaho en mi ventana


.


por entre las agujas del frío


miro los árboles


.


y en el empañado cristal


con el índice, escribo


esta efímera palabra


.


.


X


.


como para cruzar un río


me desnudo junto a su cuerpo


.


riesgoso


como un río en la noche


.


.


CANTIGA DE AMIGO


.


Y tras la incertidumbre de un instante


frente al desconocido


que luego por virtud del gesto recordado


vuelve a ser el amigo que después de la lluvia


llama a la puerta


.


lo ayudamos a desnudarse


colgamos sus ropas a secar junto al fuego


.


y oímos el relato de su viaje


reconociéndonos en sus maneras


de náufrago


.


.


.


EN CAMINO


.


Para Gustavo Zuluaga


.


1


Y, a lado y lado del camino,


ralos matojos


de helechos,


en este mes del año requemados,


resecos.


.


2


Un alud, en invierno,


en el lomo del monte


dejó algo así como una dentellada


de barro rojo.


.


Ahí queda por meses,


tal vez por años.


Es una cicatriz


bermeja.


.


3


O manchones


—aquí y allá—


de un pardo rojizo.


Allí donde la pobre


vegetación de zarzas


y malezas se agosta,


.


como si un terco mal


de la tierra, un matiz


del rojo de la tierra


subiera por sus tallos


y se mezclaran al bruno


de la maleza ardida.


.


4


Un ronroneo de colmena:


lo oye el caminante.


.


Más allá,


entre musgos,


hay un nacimiento.


.


5


Que el caminante baje


hasta aquella hondonada donde el verde


se hace más oscuro.


.


Encontrará, entre piedras,


un hilo de agua fría,


podrá beber un puño de agua fría


para la sed.


.


6


Y después el camino


se pierde en un paraje


arbolado de búcaros


y más allá reaparece


para trepar por un costillar mondo.


.


Sólo un camino: una delgada


incisión en el lomo


de la montaña: un arañazo


o la huella de un arañazo.


.


7


Ese huevo sonrosado entre la maleza.


El caminante lo alza para


remirarlo contra la luz.


.


8


y, por fin, una redondez.


Pero de ningún modo la redondez de un seno.


.


Más bien


algo como un muñón,


como el esbozo


de un cráneo.


.


Quizá una giba,


sí: una giba rocosa.


.


9


Y otra cumbre.


Otra hermosa perspectiva


de despeñaderos.




HAY GENTES QUE LLEGAN PISANDO DURO


Hay gentes que llegan pisando duroque gritan y ordenan


que se sienten en este mundo como en su casa




Gentes que todo lo consideran suyo


que quiebran y arrancan


que ni siquiera agradecen el aire




Y no les duele un hueso no dudan


ni sienten un temor van erguidos


y hasta se tutean con la muerte


Yo no sé francamente cómo hacen


cómo no entienden


PRESENCIA


Cien pasos doy de para atrás


pero la muerte los advierte.




ROGELIO ECHAVARRÍA


I


Si estoy, está conmigo.


Si me atareo en mis asuntos,me sigue.


Ojea por sobre mi hombro si leo,


atisba por sobre mi hombro si hago.


2


Con un sobresalto,


de un salto,me pongo de pies.


¿Quién era?Miro en torno mío.


Nadie, nada.


3


Acaso, cuando giro


sobre mi calcañar,


gira también


con una pirueta,


con un esguince silencioso.


4


Y si voy va detrás,


si vengo viene,


si me detengo se detiene.


Siento sus artejos en mi nuca,


su acezo en mi oreja.


5


Hago, pues, que voy y vengo,


hago que estoy,


hago que hago,


que me atareo en mis asuntos.


6


Y si también esto que digo,


este verso que hago


fuera tan sólo,y de nuevo, la vieja


mentira del lobo?


VIENDO DORMIR AL HIJO


1


Qué bello cuando duerme:


de costado, una rodilla recogida,


indefenso.


La mano palma arriba


abierta,


el pelo enmarañado.


2


Pero ahora comienza a agitarse.


La respiración se le ataranta.


Es que sueña.


3


Y esa queja en el sueño,


desconsolada:¿en qué sueña?¿de qué se duele?


Yo que soy su padre,


no sé de qué se duele.


4


Es sobre todo, hermosa


su mano palma arriba:


abierta,vacía.


ESCRITURA


.


la noche, como animal


dejó su vaho en mi ventana


.


por entre las agujas del frío


miro los árboles


.


y en el empañado cristal


con el índice, escribo


esta efímera palabra


X


.


como para cruzar un río


me desnudo junto a su cuerpo


.


riesgoso


como un río en la noche




CANTIGA DE AMIGO


Y tras la incertidumbre de un instante


frente al desconocidoque luego por virtud del gesto recordado


vuelve a ser el amigo que después de la lluvia


llama a la puerta


lo ayudamos a desnudarse


colgamos sus ropas a secar junto al fuego


y oímos el relato de su viaje


reconociéndonos en sus maneras


de náufrago

Poeta José Manuel Arango

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