domingo, 8 de agosto de 2010

Poemas de Alessandra Tenorio

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Alessandra Tenorio (Lima, 1982) Estudió literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal y una Maestría en Escritura Creativa con mención en Poesía (UNMSM).

Ha publicado en diversas revistas y páginas web de Perú, México, España y Chile. Poemas suyos aparecen en la antología Poesía Viva del Perú (Universidad de Guadalajara, 2005). Asimismo dos de sus textos han sido traducidos al catalán para la antología poética Panamericana.

Obtuvo el primer puesto en los Juegos Florales de Poesía “Washington Delgado” organizados por la Facultad de Humanidades de su casa de estudios.

En 2005, publicó el poemario PORTA / RETRATO (Campo de gules, 2005) y el año 2008, apareció su segundo poemario Casa de zurdos (Lustra editores / Centro Cultural de España, 2008).

Sin título

Para mamá y las fotos olvidadas en algún lugar

Mi madre y yo
tratamos de reconstruir
nuestras memorias.

Pero aquellas fotos habían muerto,
eran papeles rayados en el fondo de su closet.

Entonces,
ella trató pacientemente
de inventarme una vida
de dibujar trazo a trazo a mi amigo imaginario
de convencerme que jugaba con el estetoscopio.

Yo no quedé satisfecha.
Por eso me mandó a escribir un poema,
me dijo:

“Anda, ve y cámbialo todo”

De porta / retrato (Campo de gules, 2005)


Sin título

“toda elección es una posesión apremiante que
no nos deja dormir” (Carmen Ollé)

El problema no es la almohada
sino mi maldita manía de
guardarte el lado derecho de la cama.

La decisión de ser
la pequeña piafa de 20 años
que espera sentada en un banco incansable.

El problema; es haber hecho de tu nombre
un tick nervioso,
es recibir la patada implícita del destino.

El problema
es querer borrarla de tu vida,
y desear que actúes como el muchachito
que ya no eres
intentando recuperar las calles,
tratando de prestarme tus zapatos
para que recorra una avenida.

De porta / retrato (Campo de gules, 2005)

MUDANZA

Lo primero que viste
fue la ausencia en el marco de las fotos
los muebles
en el mismo lugar de antes de mis pasos
mi cuerpo
con picaduras de cigarro
con besos de cemento sobre los ojos

Lo último que vi fue la puerta
azotándose tras mis pasos
“me tengo que ir –dijiste-
esta ya no es una casa para zurdos”

De Casa de zurdos (Lustra editores, 2008)

Sin título

En el país del norte
los muebles tienen nombre.

Ellos guardan
los secretos
de los árboles.

De Casa de zurdos (Lustra editores, 2008)

Sin título

Me han contado que en francés
el miedo es verde
y los hombres son fuertes
como turcos
y aquí, en mi español
que desliza desgastando
las palabras,
el miedo es reflejo entre cristales
los hombres no saben nada de Turquía
(¿de qué color serán
los suspiros de los turcos
en la noche?)
aquí en Lima
el miedo nada tiene que ver
con los colores
pero todo es visible
Lima es un terreno de posibilidades

De Casa de zurdos (Lustra editores, 2008)

RETRATO (FAMILIA)

Para mi familia toda
cuando mi abuela tenía 5 años
yo era rosada enorme nebulosa
mi padre tenía sombrero con espuelas
la casa era grande
los hijos rubios
y mi abuelo monosílabo y sin risa

cuando mi abuela cumplió 15
ya había perdido las muñecas
mi padre era el arbusto que crecía en el jardín
la casa se llenaba de juguetes
y mi hermano era la próxima visita
cuando mi abuela dejó de tener hijos
empezó a tejer los roponcitos de sus nietos
mi papá tenía 5 años
yo era rosada enorme nebulosa
mi mamá era un punto en el espacio
mi abuelo la mitad de la vida de mi abuela
mis tíos los árboles del cuarto de visita

cuando mi abuela me vio por primera vez
yo había enflaquecido demasiado
tenía dos letras eSSes en mi nombre
y los 5 años de mi padre en las pestañas
cuando papá cumplió los 10
aprendió a cargarme sin caerse
mi madre -aún no había nacido-
seguía siendo un punto en el espacio
mientras yo
empezaba a construir mi casa
con un patio de huéspedes
para poner las semillas de mis hijos


Porta / retrato (Campo de gules, 2005)

FIESTA INFANTIL
Para Serci

Aquella noche, Lanusse,
la historia había cambiado para siempre.

Nadie custodiaba la puerta de las fábulas.

Y tú, pequeña, como un sol de juguete,
quisiste ser su redentora.

Qué era entonces la moral
sino dos o tres dibujos
a carboncillo negro.

Qué era entonces el amor
sino las dos cerezas de la torta.

Qué era entonces, Lanusse
ver la humanidad representada
en muñequitos de plástico.

Qué era la vida, entonces,
cuando los hombres eran azules y bellos
y las manzanas rebosaban en algún árbol cercano.

Qué era para ti, Lanusse,
abrir esa puerta infinita y
encontrar mil preguntas.

Mientras las fábulas chillonas
nos envolvían gritando:
“todos somos niños
hasta que se pruebe
lo contrario.”

Casa de zurdos (Lustra editores, 2008)

Sin título

OCURRE QUE tal vez el amor sea una elección diaria
meteorológica
calendarística
o estúpida

Ocurre que tal vez la palabra tenga algún valor
y no se pueda decir siempre con igual desparpajo
como quien dice: hola
adiós
pan
o agua

Ocurre que hoy, precisamente hoy, al levantarme
decido que seas tú
quien me tienda la cama
me prepare el café
me conciba un hijo

...y mañana
mañana tal vez sólo desee
que seas mi amigo, mi hermano o mi padre
el que me enseñe a cruzar pistas
el que me obligue a comer cebollas

Y quien sabe
tal vez algún verano
abriré la puerta
para que envejezcamos juntos

Y seré para ti
lo que un día de calor
un año bisiesto
o un reloj atrasado
nos dicte al oído

Casa de zurdos (Lustra editores, 2008)

Sin título

EL AMOR es llenar un balde repleto de huecos, me dijo alguien alguna vez. Yo no sé. Pensar que es eso sería decir que el amor es una tarea absurda.

Una vez quise darle a alguien mis ojos -simbólicamente- él me recordó un cuento de Clemente Palma y me dijo que era horrible –“ese es el cuento que más detesto”, fue lo que dijo-, no aceptaría mis ojos jamás, como tampoco aceptó mi corazón.

Si el amor es llenar un balde repleto de huecos entonces todos somos absurdos.

Yo hubiera aceptado los ojos de cualquiera, de hecho hubiera aceptado una uña, un dedo meñique, lo que quisieran regalarme. Una vez le regalé a alguien un lunar. Me lo habían sacado del cuello, era pequeño y fuera de mi cuello parecía un moco. Lo guardé en un envoltorio de aguja de jeringa y cuando él llegó a buscarme al día siguiente se lo di. Puso cara de asombro, nunca nadie le había regalado una parte de su cuerpo. El lunar murió, no sé cómo explicarlo de otro modo, pero fue secándose; supongo que el amor sí es llenar un balde repleto de huecos. Una vez también le regalé mi corazón a alguien o lo más cercano que tuve y le escribí un poema detrás de las líneas confusas de mi electrocardiograma, creo que se enamoró un poco más de mí cuando lo hice; fue bonito, tonto y original, pero no duró demasiado, todo el amor se filtraba por los huecos del balde.

Casa de zurdos (Lustra editores, 2008)

Alessandra Tenorio

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