lunes, 20 de noviembre de 2017

Raúl Jurado Párraga / Acera de La tortuga ecuestre

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45 AÑOS DE PERSISTENCIA CULTURAL LA TORTUGA ECUESTRE UN ESFUERZO ADMIRABLE DE GUSTAVO ARMIJOS MORALES POETA DEL 70
Raúl Jurado Párraga
Universidad Nacional de Educación
Enrique Guzmán y Valle La Cantuta
Las revistas literarias juegan un serie de roles en la historia cultural de un país. Muchas veces consolida una generación literaria, muestra el trabajo de los grupos literarios, descubre poetas, visibiliza una época literaria, retrata el campo simbólico de la tradición cultural del país etc. Las revistas en su aparente estado de precariedad de edición y circulación a veces no nos permite valorarlas en su verdadera dimensión. Pero ahí, “caminan” llevando el espíritu de una época. Convirtiéndose en papeles “de cultura” que guardan la memoria de los expresan la literatura en toda su plenitud. Las revistas a veces también nos llevan a comprender la intermitencia de algunas de ellas que no pasan del número fundacional, o de números espaciados en el tiempo. Hecho que no ha sucedido con la Tortuga Ecuestre, un “breve y memoriosa revista de poesía” que lleva más de 385 números a la fecha. Y más aún, va a cumplir 45 años de vigencia y continuidad armoniosa de corajuda presencia en la tradición literaria de nuestro país.
Pero volviendo a la idea de las revistas. Muchas de ellas son revistas de número único, otras son “bisiestas” a propósito de este hecho deseo citar la ingeniosa frase de Manuel Atanasio Fuentes que decía que muchas revistas literarias deben: salir cuando se pueda o cuando se quiera. Aun así, la presencia de ese único número o números intermitentes de las revistas las convierten en “fetiches fantasmales de papel” que se buscará, coleccionará y se leerá con pasión y en el mejor de los casos, serviran como objetos reservados para una seria y fervorosa investigación. Una revista literaria o de poesía como es el caso de la Tortuga Ecuestre guarda celosamente trabajos iniciales de escritores que muchas veces llegan con su quehacer escritural a convertirse años más adelante en grandes figuras. Por citar un ejemplo en la revista Literatura que dirigieron y redactaron: Luis Loayza, Abelardo Oquendo y Mario Vargas Llosa (Literatura febrero de 1958) Nos muestra trabajos iniciales de nuestro nobel de literatura. Pero no es el único ejemplo seguro existen otras revista como: Amauta, Colonida, Harawi, Las moradas, que guardan los trabajos iniciales e importantes de muchos escritores.
Una revista no sólo se sostiene por la “intención que la anima” sino por la pasión que imprime el director o editor de la misma. De ahí, un homenaje y admiración al trabajo del poeta Gustavo Armijos, artífice de esta “revista que es la memoria cultural de nuestra poesía”. Una revista sirve para dar conocer procesos de escritura de algún escritor que nos interesa, mostrar la génesis del trabajo de los colectivos poéticos y sus proyectos culturales, sus perspectivas estéticas, creativas y sus propuestas ideológicas. Por otro lado, es posible hallar también en una revista importantes “ensayos”, “artículos”, “notas” y “creación” que refleja espacios discursivos y críticos de una época. Las revistas explican formas de pensar, de actuar frente a la literatura. Las revistas por su naturaleza difusora de cultura se convierten en campos fértiles para los “investigaciones literarias” y lo más importante son espacios abiertos y polémicos de la cultura literaria de un país que a veces ni se conoce. Luis Fernando Vidal en un importante artículo sobre las revistas señalaba: “… El viejo vicio del centralismo gravita de modo determinante y negativo. La mayor producción editorial del país corresponde a Lima y el poder irradiador de este fenómeno obstruye la difusión de las revistas de otras ciudades.” Hecho comprobable por el porcentaje de atención que se presenta a las revistas editadas en la urbe, descuidándose las ediciones de revistas en provincias. Frente a este hecho se hace urgente realizar un mapeo bibliográfico completo de las revistas literarias de nuestro país para iniciar luego un minucioso estudio en equipo.
Las revistas literarias por otro lado, conservan la fuerza avasalladora de la juventud que las publica. Muchas revistas grafican la “emotividad” “el hervor incansable” de la juventud. Algunas no pierden esa fuerza sí que estas continúan editándose. En ese hacerse la revista se convierte en un medio para la escritura y la difusión de “ideas”. Que poeta joven o narrador en sus acciones fundacionales no ha sentido la “necesidad” de inventarse una tribuna para mostrar su escritura. Las condiciones de edición pueden ser duras para mantener la edición de manera periódica. Pero cuando se es consciente que tras el “deseo” de publicar se muestra el espíritu de una época esta publicación se llena de pasión por la literatura. Hecho que podemos palpar en la revista la Tortuga Ecuestre que esta noche es valorada.
ELOGIO A LOS 45 AÑOS DE LA TORTUGA ECUESTRE
Corrían los días de enero de 1973 y salía la Tortuga Ecuestre con la dirección del poeta Isaac Rupay y en ese primer número histórico publicaban los jóvenes poetas: Juan Carlos Lázaro, Elías Duran, Santiago López Maguiña, Gustavo Armijos e Isaac Rupay. Más adelante salía el Nº 2 Lima, junio 1973 Publican: Antonio Cilloniz,Tulio Mora, Armando Arteaga, Oscar Aragón, Isaac Rupay , Enrique Verástegui, Gustavo Armijos, Jorge Espinoza Sánchez. Y ese mismoaño el Nº 3 Director: Gustavo Armijos. Lima, setiembre 1973 Publican: Tulio Mora, Carlos Cornejo Quesada, José Rosas Ribeyro, Víctor Bueno Román, Julio Víctor Fernández iniciaban el camino de la emblemática revista: La Tortuga Ecuestre a la fecha no ha cesado de galopar. Han pasado cuarenta y cinco largos años y la revista se ha convertido en la “memoria viva” de la poesía peruana. Sus páginas han visto desfilar a una multitud y generosa pléyade de poetas peruanos. Sin lugar a dudas La Tortuga Ecuestre a lo largo de estas cuatro décadas se ha convertido “en la mejor antología plural de la poesía peruana” Una antología democrática, de rescate y de memoria de la poetas de reconocida palabra poética como la de aquellos jóvenes poetas que inician su búsqueda por los maravillosos años 70. Revisando algunos números hallamos poemas de Martín Adán, Xavier Abril, Leoncio Bueno, Livio Gómez, Mario Montalbetti, Roger Santibáñez, Cesáreo Martínez, Jorge Pimentel Armando Arteaga, Armando Rojas, Marco Martos, Tulio Mora, Jorge Eslava, Boris Espezua, Alberto Valcárcel, Juan Cristobal, Rocío Silva Santisteban, Juan Ojeda, Eduardo Chirinos, Miguel A. Guzmán, Dimás Arrieta, Miguel Idelfonso, Carlos Oliva, Elí Martín, José Rosas Ribeyro, Oscar Aragón , Enrique Verástegui, Sonia Luz Carrillo, César Toro Montalvo, Aidé Romero, Guido Fernández de Córdova, Segundo Cancino, Fredy Gambeta, José Luis Ayala, Raúl Jurado Párraga. Oscar Málaga, Eloy Jauregui, Rafael Alvarez, Jorge Espinoza Sánchez, Javier Huapaya, Max Dextre, José Ruiz Rosas, Augusto Tamayo Vargas, Ruperto Macha, Sigfrido Burneo, Houdini Guerrero, Luis Eduardo García, Iván Suárez Morales, Jorge Ita, Carlos Bayona, Doris Moromisato, José María Gahona, Denisse Vega, Willian Gonzales, etc. La lista es interminable pero lo más importante es reconocer que la Tortuga a lo largo de este tiempo ha regalado sus páginas para que con estas se edifique la “verdadera historia de la poesía peruana”. En nuestro país a veces no se presta importancia al estudio de los contenidos que tienen las revistas pero como siempre creo que es la propia historia la que se encargara a fortalecer la importancia de dichas publicaciones. Y junto a esta la investigación seria de la crítica literaria. La Tortuga a lo largo de sus interminables números a la fecha se presenta como un caso “suigeneris” de permanencia, del amor a la literatura. Y es ahí, donde la figura de su director el poeta Gustavo Armijos resulta capital. Armijos con paciencia “invita” al poeta a publicar en su emblemática revista. Lee, selecciona, edita y circula la revista con ejemplar valentía. Hablar de la Tortuga Ecuestre es valorar la alianza de poeta-revista, es hablar de una constancia y fervor por la poesía. Personalmente nadie, me presentó al poeta sino que fue su revista el lazo que me ha, nos ha permitido años de amistad que aún conservamos. Pero antes del poeta está el hombre que es un ser sensible, lleno de utopías y también de soledad y agonía de quien hoy tengo el compromiso de reconocer su trabajo. Y junto a él está su Quelonio de papel regalando poesía. Por ello, antes de referirme al trabajo del poeta déjenme decir que un país que no reconoce a sus poetas está condenado a tener políticos analfabetos, pendejos, mafiosos, amorales, ladrones, maquillados, plagiarios, imbéciles e incultos. Un país que huye al reconocimiento cultural de los poetas, narradores, pintores, dramaturgos etc. Esta condenado irremediablemente a ser contaminado de una epidemia naranja. Estamos advertidos solo un ser racional e inteligente sabe que la cultura es el único espacio de libertad y moral que debemos conservar. Un país inculto es la fuerza del mundo al revés donde los vivos y los doctores del engaño hablan como si tuvieran la razón ética. Pero ante esta realidad que nos agobia siempre habrá intelectuales cuya vida en limpieza moral seguirán sembrando cultura aún en la pobreza física. No caminemos a la imbecilidad sino ingresemos cotidianamente a la cultura viva y seamos capaces de valorar a sus cultores.
Gustavo Armijos tomó la posta de Rupay y corporizó la revista hasta regalarnos el sueño de la permanencia respirando poesía y vida. Y es algo que agradecemos sus amigos. Estoy, estamos seguros que hay Tortuga para rato. Salud poeta Gustavo Armijos por ese pedazo de corazón que huele a tinta en cada página de tu invaluable revista. Salud por permitirnos sentir como la poesía ha inundado nuestra literatura y el más importante saber que es posible aún respirar poesía en tiempos de facebook. Y eso realmente nos humaniza en la poesía.
BIBLIOGRAFIA CONSULTADA
Catálogo (30 años de Poesía peruana en revistas (1971-2000) Lima: UNMSM, 2002. Responsable: Gonzalo Espino. Pp.131.
Barquero, Jorge. “Las Revistas en el Perú 1976- 1977” En: Proceso (Órgano de Extensión cultural de la Universidad Nacional del Centro del Perú” Abril-Junio, 1977. Pp. 139-146.
Beltrán Peña. José. “Revistas literarias peruanas de la generación del 90”. En Palabra en libertad. N.- 6, Lima, diciembre 2001 – Enero 2002, Pp.108-113.
Freyre, Maynor. “Palabra en Libertad entre las más importantes revistas de cultura peruana de los últimos cincuenta años” En: Palabra y Libertad N.- 2 año 2, Lima, invierno de 1998. Pp. 72-80.
Malpartida Besada, Mario. “Revistas las animadoras”. En: Revista Peruana de Literatura. Año V, N.- 8, mayo 2008. P. 31-32.
Vidal, Luis Fernando. “En torno a las revistas literarias (1975-1979)”. En: Lluvia. Año II. No. 5. Lima, diciembre de 1979; Pp. 47-58.)

domingo, 19 de noviembre de 2017

Muestra Hemerográfica de la revista La tortuga ecuestre / 45 años

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Con notable éxito se realizó la muestra hemerográfica de la revista La tortuga ecuestre ... aquí algunas fotos de aquella noche.












viernes, 13 de octubre de 2017

Homenaje a la Revista La tortuga ecuestre / 45 años

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Muestra Hemerográfica / Recital 
Homenaje a la revista La tortuga ecuestre
7 de Noviembre del 2017 / 6:30 p.m.
Biblioteca Nacional del Perú - 4 cuadra Av. Abancay






La tortuga ecuestre / Testimonio & Homenaje Roger Santivañez

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La tortuga ecuestre: 45 años de poesía
Testimonio & Homenaje de Roger Santivanez
En 1973 yo tenia 17 años y estudiaba Artes Liberales en la Universidad de Piura. Ya había optado por la poesía, de modo que cuando viajé a Lima durante las vacaciones de julio, un buen día vi anunciada en el Instituto Nacional de Cultura (INC) una conferencia de un profesor argentino sobre Carlos Germán Belli me apersoné allí esa fría de noche invernal. En los balcones del auditorio en el segundo piso que daban al patio de la Casa de Pilatos (donde funcionaba el INC) -de súbito- empecé a conversar con un muchacho que llevaba un cartapacio bajo el brazo. Nos reconocimos: era el poeta Gustavo Armijos de quien yo ya tenía noticia por su hermano Galo, compañero mío en las aulas del colegio San Ignacio de Loyola en Piura.
Platicamos alegremente de poesía y de la movida poética de los jóvenes en aquel momento cuyo epicentro era el Movimiento Hora Zero. Y -sobre todo- de la revista La tortuga ecuestre que había aparecido poco antes en enero de 1973. Ese primer número llevaba como director a Isaac Rupay, poeta que fue de HZ y que moriría poco después en abril de 1974. Gustavo me explicó que -a la sazón- había disuelto su sociedad con Rupay (ellos habían fundado juntos la revista) y que se aprestaba a continuar editándola él solo, como así fue y sigue siendo hasta la actualidad.
Lo bacán -para mí- fue que Gustavo tuvo la gentileza de invitarme a publicar. Mi corazón se llenó de alborozo ya que eso iba a significar la aparición -por vez primera- de un poema mío en letras de molde. Aquella noche de julio de 1973 salimos juntos del INC caminando por toda la Avenida Abancay -en compañía de otro joven poeta que Gustavo me presentó Jorge Espinoza Sanchez- y departíamos cuadra tras cuadra bajo el imaginario imperio de la poesía, hasta el Parque Universitario donde nos despedimos.
Ya desde Piura, empezamos con Gustavo una relación epistolar constante. Recuerdo que -generosamente- me envió el primer y único número de Eros significativa revista que dirigió Isaac Rupay y en cuyo Comité Editor figuraban Enrique Verástegui y José Cerna. La revista ha pasado a la historia debido a que allí se dieron a conocer los famosos, audaces y valientes poemas de María Emilia Cornejo que forjaron su leyenda. Igualmente recibí los siguientes números de La tortuga ecuestre con material de poetas que conocería en persona poco después como Armando Artega y Oscar Aragón con quienes -más el concurso de Luis La Hoz- lanzaríamos La peca de la jirafa (julio de 1974) y la revista AUKI en marzo de 1975.
Finalizando aquel gratificante 1973 (obtuve el premio de poesía en los Juegos Florales de la UDEP) Gustavo me envió el número 5 de La tortuga ecuestre -correspondiente a diciembre de dicho año- donde apareció mi poema “Elegía” -de clara influencia heraudiana: una de mis lecturas predilectas aquel tiempo-. Grande fue mi alegría: se trataba de mi primer trabajo publicado y poco después leí un comentario sobre este ejemplar de la revista escrito por Nilo Espinoza en su columna de novedades literarias de La Prensa de Lima.
En enero de 1974 viajé a la capital con la intención -siguiendo el consejo de Marco Martos- de trasladarme a la Universidad Nacional de San Marcos para estudiar Literatura. Cuando llegué a Lima visité el Kiosko de mi amigo el Sr. Néstor Jáuregui (papá de Eloy) en el Parque Universitario donde encontré el sexto número de La tortuga ecuestre con -entre otros materiales- poesía de Oscar Málaga. Desde ese momento -y durante toda mi vida en Lima y hasta que cerró el Kiosko de don Néstor- me apersoné puntulamente a adquirir mi ejemplar de La tortuga ecuestre cada vez que -por información de las páginas culturales de los medios- me enteraba que una nuevo quelonio de papel cabalgaba por los predios de la poesía.
Justo es decir que esta publicación -la más longeva de cuantas revistas literarias hay en el Perú- es el más fiel retrato de la historia de nuestra poesía. En efecto, desde 1973 e ininterrumpidamente hasta hoy, el poeta Gustavo Armijos ha entregado su vida -con ardorosa pasión poética- a mantener viva y actual a la mágica tortuga para ir dando cuenta del desarrollo y evolución de la poesía peruana, generación tras generación. Es una contribución indudable que merece destacarse y aplaudirse. Recientemente ha publicado textos de tres voces nuevas: las poetas Patricia del Valle, Nora Curonisy y Eldi Toro. La tortuga sigue cabalgando pletórica de juventud y entusiasmo; esto es motivo de celebración, buen augur y razón de este homenaje.
[Orillas del río Cooper. Collingswood, Sur de Nueva Jersey, octubre de 2017]

Antología en Tiempo Real - Por Bernardo Rafael Álvarez

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Un día, en una conversación, escuché a Róger Santiváñez decir, más o menos, esto: “La historia de la poesía peruana de las últimas décadas no puede excluir, de ningún manera, a Gustavo Armijos” (o, en otras palabras, esta historia no podría escribirse prescindiendo de él). Verdad. Aunque haya quienes digan o quieran decir lo contrario, es cierto. Gustavo, no solo como poeta, sino como promotor terco, impenitente, inagotable, de poesía y de poetas.
Y es que desde enero de 1973, sin prisas ni pausas o, perdón, quiero decir con prisa y sin pausa, viene entregándonos lo que sería -digamos- en el léxico de estos días, la antología “en tiempo real” de la poesía peruana; esto a través de una sencillísima pero sólida revista a la que le puso el nombre de uno de los más emblemáticos poemarios de César Moro (el único que nuestro poeta surrealista escribió en francés): La tortuga ecuestre, y cuyo primer número apareció con el nombre de Isaac Rupay –inolvidable amigo poeta que falleció al año siguiente- como Director. Y, por cierto, el sueño de Gustavo (que comenzó a construirse -como él bien lo recuerda- en una mesa del entonces medio inevitable bar Palermo, lugar en el que -como empujados por un designio- confluíamos casi todos: Róger Santiváñez, Armando Arteaga, Guillermo Falconí, Jorge Espinoza Sánchez, Juan Ramírez Ruiz y Hora Zero...los demás) pareció surrealista al principio, pero –andando el tiempo- se convirtió en el empeño más real del que he podido ser testigo. Hasta ahora han pasado cuarenta y cuatro años, pero sus publicaciones ya llevan un año de adelanto o de ventaja (y esto sí es surreal, pero visible y palpable).
Yo llegué a Lima en 1972, y a principios del año siguiente (claro, en el quiosco de don Néstor Jáuregui, en una esquina del Parque Universitario) una de las primeras cosas literarias que vi con alegría –además de Hontanal, la revista que dirigía Roberto Rosario, en la cual apareció el primer poema mío publicado en Lima- fue La tortuga ecuestre. La alegría mía, lo confieso, se debió a que desde allí saltó hasta mi mirada absorta un poema que simplemente me pareció (y sigue pareciéndome) extraordinario y que me estremeció: Franz, historia de un gusano (“Encontré a Franz Kafka en la Plaza San Martín, borracho, todo sucio de manzanas podridas…”). A su autor ya lo conocía o, mejor dicho, yo ya sabía algo de él. En 1971, estando en Trujillo, leí en el diario La Crónica la columna de un periodista -cuyo nombre no recuerdo- en que hablaba de su visita al Festival “Contacta” que, ese año, se había realizado en el Parque Neptuno, y contaba el autor de la nota que –entre otras cosas- lo que le impresionó de manera especial fue la presentación de un poeta, jovencito aún (“apenas salido de la secundaria”, puntualizó, si mal no recuerdo) que leyó poemas con notable emoción; el columnista transcribió uno de aquellos poemas, en el cual el poeta hablaba de la Guerra de Vietnam y aludía a los helicópteros llamándolos “libélulas”. ¿Quién era ese novel hacedor de versos? Pues, Juan Carlos Lázaro.[1]
Poco tiempo después conocí a Gustavo, y nos hicimos amigos. Y con el primer número de su revista (y a veces también con el cliché o plancha de imprenta en que aparecía el nombre de la publicación, y que Gustavo llevaba bajo el brazo) caminamos y caminamos duro y parejo por las calles de esta Lima (dizque “horrible”), entrando en librerías y academias de preparación preuniversitaria, ofreciéndola con entusiasmo a jóvenes y viejos que –era inevitable, creo- nos miraban con algo de curiosidad perversa, como a bichos raros (¡poetas!), pero terminaban medio extasiados con la oratoria almibarada de Gustavo. Nosotros, con alma de adolescentes, por supuesto que seguíamos adelante. [2]
(La tortuga ecuestre no solo se hizo conocida en nuestro medio, también en México tenía lectores. Mario Santiago Papasquiaro, el poeta de Zarazo, la revista que tiempo después, en 1975, dio paso al Infrarrealismo (con Roberto Bolaño, el mismo Mario, Rubén Medina y otros) ya lo tenía en sus manos. Y en carta de abril de 1974 me preguntó a su manera, por ella: "(¿qué ondas? Con Gamarra, JÁUREGUI, durand, rupay, armijos/ ¿siguen dando guerra "eros & "tortuga ecuestre"?/ Infórmame de ellos/ & si pueden/ & están interesados ¡Qué formalidad!---> madame bobary) que escriban...")
¡Qué linda edad la que vivimos, caracho! Incursiones en El Palermo, que ya estaba por acabarse; encuentros frecuentes en el Wony, en el Tívoli. Juan Ramírez Ruiz, en Ancash 444 y luego en Rufino Torrico y otra vez en Ancash. Hora Zero. Víctor Humareda; Manuel Morales; Guillermo Mercado; Róger Contreras, con "Girángora". Los discursos a veces amenazantes de Juan Velasco Alvarado (“¡Faltarán postes para colgar a los contrarrevolucionarios!”). Led Zeppelin, Quilapayún, Cuesta Arriba. Pound, Eliot, Lezama Lima, Cardenal; y algunos negando inútilmente a Vallejo. Sueños. Esperanza. La tortuga ecuestre, trotando.
Y su trote continúa. Y no creo equivocarme si afirmo que en La tortuga ecuestre han aparecido todos los poetas (“habidos y por haber”) de nuestra impredecible comarca, de las generaciones posteriores a 1960, y siguen apareciendo (poemas míos fueron publicados allí en cuatro oportunidades; la primera, en setiembre de 1974, y la última hace poquito).
Una revista, repito, extremadamente sencilla (“minimalista”, creo, es la palabra que usan los entendidos): apenas un par de hojas A-4 dobladas en dos y engrapadas (acaso emulando el formato de Haraui, la revista que desde 1963 publicaba Francisco Carrillo), porque no hace falta más, porque la poesía no necesita más: no tiene que ser envuelta en papel celofán o enmarcada en pan de oro: vale en sí misma y por sí misma, y más, mucho más, si sus condiciones son de humildad; y esto lo sabía y lo sabe Gustavo, y todos los poetas lo sabemos. Por eso, a muchos les regocija ver sus poemas publicados en La tortuga ecuestre, aunque de la boca hacia afuera quieran negarlo.
Tengo que decir -con absoluta sinceridad- que es realmente valiosa y admirable la labor de Gustavo Armijos: a pesar de ventarrones y baches, sigue adelante, imperturbable y vigoroso. Y esto merece reconocimiento, sin ninguna duda. Pero, la verdad: con o sin reconocimiento, este poeta piurano (autor –entre otros libros- de los poemarios Retrato humano, Celebraciones de un trovador, Liturgia de la Vigilia, Tierras del exilio, En esta vieja ave & otros poemas) está y estará siempre allí: en nuestra historia literaria, como el jinete (¿o chalán?) impenitente de este longevo “quelonio de papel” que desafía incluso las leyes de la cronología (si no me creen, sepan esto: estamos en el año 2017, pero La Tortuga ecuestre ya cabalga en los prados del año 2018). Surrealismo, pues, pero real y vívido. Cómo no: cosas de poetas, señores; cosas de la poesía.
¡Un abrazo, querido Gustavo!
________________________________________
[1] También fueron publicados, en aquel número 1, poemas de Elías Durand, de quien se decía en la notita de pie de página que trabajaba un poemario llamado “Emergencia en el basurero”; de Santiago López Maguiña, que anunciaba un libro inédito, “Desayuno en la cama”; de Gustavo, entonces estudiante de ciencias administrativas; y de Isaac que, repito, fungía de director.
[2] (Hace poco escribí un poema en el que digo: “Éramos adolescentes bellos / y andábamos con pasos firmes casi en trote / nuestras palabras tenían signos de exclamación y el grito / nos daba esplendor / como girasol vigilando a las nubes…”)

jueves, 3 de agosto de 2017

Exposición bibliográfica de la revista La Tortuga Ecuestre

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La Tortuga Ecuestre anuncia exposición bibliográfica  en el hall de la Biblioteca Nacional para la segunda quincena del mes de setiembre del presente año. El director de la revista, Gustavo Armijos estará acompañado de los poetas Arnold Castillo y Alain Zegarra Sun.


sábado, 17 de junio de 2017

Instantáneas de Gustavo Armijos

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Serie de instantáneas del poeta Gustavo Armijos 
































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